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Por poco no lo cuento...

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Un día me fui al campo con mi familia para recoger setas. Mi abuelo, que sabe mucho de eso, me dijo que tuviera cuidado con las setas venenosas. Me dijo que algunas si las tocaba ya me intoxicaban.

Les dije a mis padres si me podía ir solo a buscar setas y me dijeron que sí. Yo tan contento, caminando como Heidi (¡abuelito, abuelito!), me fui a recoger lo que me habían mandado. Cogí algunas setas que tenían muy buen aspecto y las metí en mi cestita de mimbre.

Ibamos a comer las setas que habíamos comido. Por si acaso, probramos un trozo de cada seta para ver si era venenosa o no. Si era venenosa fuera, si no, la metíamos en el cazo y hacíamos como una especie de sopa.

Yo probé las mías. Por ahora, todo iba bien y yo estaba tranquilo. Aunque pasado un rato, probé una que era un poco roja y con puntos blancos. Sabía un poco raro pero no le di importancia. Cuando íbamos a echar todas las setas al cazo, me empezó a doler mucho, muuuucho la tripa. Me dijeron que seguramente habría comido una seta venenosa. La detectaron y me dijeron que, ¡esa era una de las setas más venenosas del mundo!

Fuimos al médico corriendo y me curaron. Por poco no lo cuento...

04/11/2011 19:36 Diego 6º #. sin tema

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Autor: luz

Tuviste suerte porque esas setas son muy peligrosas.

Fecha: 05/11/2011 11:45.


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